

San Lorenzo es uno de los mártires más famosos de la Iglesia. Está considerado el tercer patrón de Roma después de san Pedro y san Pablo. Una tradición medieval, de la que se hace eco Gonzalo de Berceo en el siglo XIII, le hace natural de Huesca. Esta ciudad venera como sus padres a san Orencio y a santa Paciencia, que no figuran en el Martirologio Romano, el cual, el 10 de agosto recoge el siguiente elogio suyo:
Fiesta de san Lorenzo, diácono y mártir, que fervientemente deseoso, como cuenta san León Magno, de compartir la suerte del papa Sixto II en su martirio, al recibir del tirano la orden de entregar los tesoros de la Iglesia, él, festivamente, le presentó a los pobres en cuyo sustento y abrigo había gastado abundante dinero. Tres días más tarde, por la fe de Cristo venció el suplicio del fuego, y el instrumento de su martirio se convirtió en distintivo de su triunfo. Su cuerpo fue enterrado en Roma, en el cementerio de Campo Verano, conocido desde entonces por su nombre (+258).
Estos datos resumen los datos tradicionales sobre este diácono y mártir durante la persecución de Valeriano y que fue alabado por el poeta Prudencio, san Ambrosio, san Agustín -de quien la Liturgia de las Horas recoge un sermón en el oficio de Lecturas- y otros autores. Su martirio está atestiguado por la Depositio martyrum y el Martirologio Jeronimiano. Actualmente se considera cierto el lugar de su sepultura, pero hay serias sobre la veracidad histórica del reparto de los bienes de la Iglesia (que es más propio de la persecución de Diocleciano) y de la forma de su martirio, ajeno a la tradición romana.
